Todo en este mundo es perfecto – ya se que pensarán: ¡el clásico cliché de la perfección del mundo! – pero en verdad el mundo es perfecto, es tan perfecto como yo quiera porque yo hago el mundo; quiéralo o no yo soy quien controla todo y por eso digo que todo en este mundo es tan perfecto, y lo se y lo compruebo. La forma de corroborarlo es fácil, sabemos que la vida enseña de formas muy duras pero siempre se va a compensar con algo y aquí lo diré: son los amigos. Y no me refiero a los compañeros de vida que llamamos amigos porque han estado junto a nosotros mucho tiempo; sino a los verdaderos amigos, ha esos que con verlos una primera vez a los ojos te demuestran todo su cariño, los que no les importa decirte la verdad por muy cruda que esta sea, siempre y cuando esta te haga un bien, los que sufren contigo y están a tu lado cuando tu corazón se hace pedazos, los que no te abandonan en una tormenta pero te dejan solo cuando necesitas reflexionar.
A los verdaderos amigos, para mis verdaderos amigos, para ellos están dedicadas estas líneas, para los que saben que son mis amigos (porque siempre se los digo) y para los que en el silencio de mi intimidad tengo el honor de llamarlos amigos.
Para el que necesita una palabra de aliento,
para el que necesita un abrazo,
para el que necesita un golpe para que reaccione,
para ti, porque todos los días agradezco llamarte amigo…
Gracias por hacer las lecciones del ahora superables para el futuro.
Anastasia de Sales...

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